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Generaciones Perdidas

Soy de la conocida Generación Y. Generación que ha crecido con grandes cambios socioeconómicos, al igual que la antecesora, y grandes revoluciones tecnológicas y morales. Es la generación de “los premios por participar”, la LOGSE (otro gran error) y de la revolución creada por el nacimiento de las redes sociales, donde el simple hecho de decir “voy al lavabo” ya era motivo de conseguir mil seguidores en dichas comunidades.

El formato MS-Dos del Irc. se nos quedó pequeño y queríamos más, revolucionando con MySpace y fortaleciendo nuestro ego exhibicionista con Facebook y Twitter. Somos en los que las características de la anterior generación se fortalecen, pero sin haber vivido con años de recesión, y a los que también estuvo de moda llamarnos NiNis, cuando se nos negaba la realidad de la crisis. Dando por consabido que, si la generación X es idealista, nosotros somos narcisistas y mimados.


La inestabilidad socio-política, los cambios de nuestro sistemas educativos en cada legislatura de nuestra juventud, la normalización de los estudios superiores (en la generación predecesora sobreabundaban las licenciaturas), los premios masivos y el hedonismo alimentado gracias a falsos “glamours” que existían en las redes sociales; han sentado las bases de nuestro futuro. O al menos los prejuicios con los que tenemos que lidiar para desarrollarlo.

Sueldos más bajos que nuestros precursores “mileuristas”, impulsaron cambios de pensamiento y de valores, queriendo prolongar la adolescencia hasta lo que ya se comienza a hablar de “cuarentadolescentes”, ya que estas bases nos provienen de la generación X, de los que nosotros actualmente nos hacemos eco, porque debemos renunciar a sueños de tiempos en los que se vivía mejor. Una situación que hizo que se incubaran nuevas tendencias y estilos, en lo que a la moda se refiere, y en nuestra generación también hizo mella para progresivamente evolucionar.

¿Que es un Hipster si no un hombre que no se gasta trece euros en recambios de una maquinilla que vale siete, que su estilo minimalista se basa en ponerse una “blazer” ajustada de un color atemporal conjuntado con un vaquero o; un “pasota” de pagar todos los meses veinte euros por unas lentillas poniendo en boga la gafa-pasta más resistente a golpes, para no renunciar a dejar parte de sus ingresos para estar al día en lo que a las tecnologías “manzánicas” se refiere? Pues un geek, adictos a la tecnología de la generación anterior cuyo gusto por la imagen y el postureo empezaba a aflorar, y un cuatro-ojos de la generación más alejada aún; pero que ha sabido imponerse con un estilo más carismático.

¿Y una mujer boho o “new chic hippie”? Tan sólo la liberación sexual de la mujer, ¡Gracias a Dios!, de romper con las cadenas del machismo para poder vestir como quiera sin tener la necesidad innata de ser sexualmente atractiva hacía los hombres, para conseguir serlo para ella misma en primera instancia, mostrando un carisma impresionante y cambiando esas minifaldas y esos escotes que rozaban el sexismo de la anterior época (que nos vendían un machismo positivo como una liberación sexual femenina); por el concepto que abraza la naturalidad y la comodidad femenina con diseños holgados y con solemnidad.


Cada generación tiene sus características, pero el problema llega cuando coexisten varias y tan diferentes entre sí. Todas ellas disponen de una lucha social para poder sobrevivir, siendo la “Y” en nuestra sociedad degradada y anodina.

Gracias a las mejoras sociales y de salud, tuvimos que interaccionar con tres tipos de generaciones simultáneamente (bisabuelos, abuelos, padres, profesores, jefes...), relacionándonos a lo largo de nuestras experiencias vitales con personas que, en absoluto, compartían nuestra forma de ver el mundo.

Así, se ha creado una realidad en la que mientras una generación buscaba premios por el mero hecho de existir, las anteriores solo nos buscaban defectos para poder sobrevivir. Creando una simbiosis social diferente a todos los movimientos antropológicos existentes hasta la actualidad, pero calladamente, nunca se habla de ello, ya que los “chupetes” impuestos en nuestras bocas por nuestros antecesores, nos continúan impidiendo sacar la voz. No porque no queramos expresarnos o no porque no nos pronunciemos; si no porque anteriores generaciones, están ahí para desvirtuar la realidad que defendemos tachándonos de quejicas, “marisabidillas” e inexpertos; amén de otros apelativos menos suaves.


La realidad social está integrada hoy en día en una lucha entre una parte cambiante y con otra que se mantiene retrograda ante esta nueva oleada de pensamientos. Luchas que, la Generación Z; le acabará poniendo la guinda del triunfo, al menos esa es mi esperanza, y podremos hablar de un verdadero cambio en el rumbo de la historia, donde los “next millennials” serán los precursores del auténtico nuevo rumbo. O como nos ha pasado a la generación X (los eternamente becarios) e Y, que prosiga esta crisis económica y de valores y todas sus peculiaridades queden reducidas al absurdo; ya que en la ecuación 3+2 en vez de continuar siendo 5 pasa a “ser igual a” reducción de igualdades sociales y encarecimiento de las tasas universitarias. Así, da igual cómo despejemos la variable Z, no podemos saber cuál será el valor de la incógnita de este “Teorema de Wert”. Teniendo como futuro ciertas tendencias que, lejos de ser tan carismáticas como el nacimiento de la minifalda en los años sesenta, se pueda dar lugar a que queden como una mera moda del momento, como es el caso de las faldas masculinas (Jean-Paul Gualtier en 1985), de quién despotricar para salvaguardar su propia existencia actual en un sistema al que se prolonga el éxito de la Generación Ye-Ye (y la del actual Ministro de Educación) y la decadencia social de la Ni-Ni.



Sin darse cuenta de que, en años venideros (2020 para ser más exactos), seremos el cuarenta por ciento de la sociedad activa que pagará sus futuras pensiones y mantendrán el poder adquisitivo de sus ansiados, retiros.  

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